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Alvaro Sanz
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Antarctica, exploring the South Pole
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Brüggen Glacier
Brüggen Glacier, Chile - Polarsteps
El despertador ha sonado media hora antes de la salida del sol. Teníamos la información de que nuestro barco iba a echar el ancla a 1 milla del glaciar Pío XI en la zona de Campo de Hielo Sur, un gigante de hielo de medidas inigualables en estas latitudes. Hemos salido por las escaleras de popa y ahí estaba la luna, iluminando discretamente la masa de agua helada. Mi reloj indicaba la salida de sol a las 5:55, y justo en ese instante hemos visto los primeros rayos asomarse entre las montañas. El espectáculo ha sido impresionante. Poco a poco, este gigante prehistórico ha comenzando a iluminarse y a teñirse de nuevos colores. A cada minuto que pasaba los azules se tornaban más azules y los blancos más blancos. La pureza del hielo es infinita y el crujir espontáneo de la mole nos regala momentos únicos e irrepetibles. La característica especial de este glaciar, además de su tamaño es que en los últimos años está mostrando un avance y no un retroceso, como el resto de glaciares del mundo.
Ya en las Zodiacs, podemos acercarnos un poco más y las texturas se tornan inigualables. Alterno mis lentes entre angulares y teleobjetivos, jugando con la majestuosidad del paisaje pero también con pequeños fragmentos de hielo. Cuando uno se encuentra ante tanta belleza por poco tiempo no sabe qué elegir y lo quiere todo. Por suerte todas mis lentes caben en la mochila y puedo cambiarlas con agilidad sin la preocupación de un equipo pesado.
Por la tarde, después de comer, cuando estaba repasando el material conseguido y editando mis primeras fotografías, un aviso me ha llevado corriendo a la proa: una familia de orcas se encontraba a poca distancia nuestra. Uno no puede explicar con palabras la sensación al ver estos animales, y tampoco puede plasmar con imágenes la grandiosidad porque su timidez y pocas ganas de jugar ha hecho que nos hayan enseñado una pequeña parte de su cuerpo. Aún así, me voy a dormir con la sensación de haber visto dos de las cosas más enormes de la naturaleza, los glaciares y las llamadas ballenas asesinas, en una jornada que costará olvidar.
Ya metidos en el Estrecho de Magallanes ponemos rumbo a Punta Arenas, el último puerto antes de entrar en el Pasaje de Drake. Siento los nervios de un niño.
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