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Alvaro Sanz
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Antarctica, exploring the South Pole
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Unknown
Unknown, Unknown - Polarsteps
Hace días que Juan, mi compañero de viaje, y yo hemos decidido dejar la ventana abierta para que entre la luz de la mañana. El problema es que pasados los 60ºS en esta época el sol aparece por el horizonte a las 3 de la madrugada, a un ritmo lento. A esa hora seguimos viendo mar, únicamente mar. A primera hora de la mañana se empiezan a distinguir casquetes de hielo en el agua, y por fin las Islas Shetland del Sur. Este lugar tiene también una importancia indiscutible en la historia de la exploración. Sin duda este pequeño conjunto de islas fueron las primeras avistadas por todos los que se atrevieron a investigar la Terra Incógnita. Y la Isla Elefante, la más apartada del conjunto, es quizás la protagonista de todas ellas. A primera hora desembarcamos con las Zodiacs en la primera de las islas que vamos a visitar estos días. ¡Qué impresionante sensación la de pisar este hielo rodeado de mar! Nada más tocar tierra, o hielo, mejor dicho, uno empieza a percibir el famoso olor a heces de pingüino.
Llevo mi mochila cargada a la espalda. En estos terrenos es importante ir preparado para todo tipo de situaciones, y aunque estamos teniendo un tiempo extremadamente anormal (todos los miembros del equipo que llevan 20 años viniendo dicen que nunca han visto este sol brillante) hay que llevar abrigo extra, dos juegos de guantes, agua y en mi caso una variedad de lentes fuera de lo normal. Así que en este viaje he reemplazado mi pequeña mochila por una de mayor tamaño para poder llevar todo el equipo que he traído y no dejar nada en el barco cuando desembarcamos. A veces me siento pesado y me había olvidado de lo que significaba llevar tal peso a mi espalda, pero uno nunca sabe con qué va a encontrarse.
Juego un rato con los pingüinos y los elefantes marinos que descansan en la orilla. Y tal como está descrito hemos pasado de un sol radiante a un viento helador y a ver los primeros copos de nieve. Estamos entrando en la primavera austral, y no puedo imaginar lo que debe ser estar aquí en invierno.
Después de una ducha de agua caliente, una comida abundante y unas horas de trayecto llegamos a un conjunto de islas un poco más al sur, las Half Moon Island, frente a las Livingstone Island. Allí, lo primero que llama mi atención es una vieja embarcación de madera hundida. Parece ser que era una barca que traía agua dulce a los barcos balleneros que faenaban en estos mares. Imposible de imaginar lo que supuso esa época de la historia.
La tarde pasa despacio y el día se hace eterno. En este momento tenemos 20 horas de luz cada jornada y se hace inaguantable fotografiar durante esa cantidad de horas. Estamos ya metidos en la cama deseando descansar, pero en el último momento, justo cuando iba a cerrar mis ojos por completo he intuido unas luces rojas en el horizonte. Era el sol que había decidido salir en el último momento. Así que volvemos a vestirnos corriendo, saltando de la cama en ropa interior, tapados con nuestros edredones. Calcetines gruesos, mallas térmicas, pantalones especiales, camiseta térmica, forro polar, abrigo de plumas, chaqueta para la nieve, dos capas de guantes… el proceso es lento pero lo hacemos a una velocidad récord y corremos por el pasillo. Desconozco los nombres de los dioses de estar tierras, pero si los hay, han decidido salir a vernos y a darnos la bienvenida. El frío nos corta la cara y creemos que se nos va a quedar la sonrisa congelada para toda la vida. Escucho a Juan golpearse las manos y soplando fuerte para combatir los 80 km/h de aire polar. Jamás había sentido este frío atronador, pero tampoco había visto un atardecer como éste.
Country Guides:
Falkland Islands