1. Alvaro Sanz
  2. Antarctica, exploring the South Pole
  3. Cierva Cove

Cierva Cove, Antarctica - Polarsteps

Una vez más la jornada comienza temprano. Con el sabor del café todavía en los labios subimos a una de las Zodiac que nos llevará entre icebergs. Kara, la jefa de la expedición nos lleva a ritmo lento y sabe cuando debe bajar la velocidad por nuestra cara de felicidad al hacer fotos. El día está totalmente cerrado y contrariamente a lo que uno esperaría a estas masas de hielo les sienta mucho mejor las nubes que el sol. Los colores azules de la parte sumergida se convierten en un cyan único. No puedo más que imaginar si alguien fuera capaz de sumergirse en estas aguas. La belleza que vería seguramente sería imposible de contar. Nosotros estamos viendo la parte pequeña del iceberg, el resto se haya sumergido. De repente un sonido ensordecedor, y unos instantes más tarde un pedazo de hielo cae al mar y genera una ola que nos tambalea ligeramente. Puede parecer que la vida aquí sea imposible, pero detrás de un glaciar con forma de arco aparecen unos pingüinos en un pedazo de hielo. Nuestra bióloga nos dice sin dudarlo que es el Chinstrap y yo todavía no consigo diferenciarlos a simple vista. Cambio de lente para poderlos contextualizar y justo cuando saltan de nuevo al agua descubrimos un Cormorán Antártico un poco más allá. De lejos creía que era otro pingüino, pero no, el 300mm me permite ver todos los detalles a la perfección. Le fotografío de lejos, pero la lancha se aproxima poco a poco y el ave se queda en la misma posición, así que tengo tiempo de poner el 40-150mm que es más versátil para situaciones incontroladas y más flexible para el movimiento de una barca. El agua que rodea al cormorán está a punto de congelación y nieva con fuerza, cada vez más. Mi cámara está helada y se va tiñendo de blanco, pero nada le afecta. ¿Porqué no resistirán mis dedos lo mismo que mi material fotográfico? Llevo dos juegos de guantes y me siento torpe al cambiar de enfoque, al querer abrir la mochila, al buscar en mis bolsillos un paño para limpiar la lente que se va llenando de nieve. Los minutos no son minutos en la Antártida, y uno es incapaz de saber el tiempo que duran las cosas. Pero es hora de volver al barco, darse una ducha para entrar en calor y revisar el material. Me gusta hacerlo en cada salida para ver los fallos, las cosas a mejorar, qué fotos me gustan más para no cometer los mismos errores… El resto del día lo pasamos en el mar, con una sensación absoluta de ir a la deriva. Nuestro barco no es capaz de lanzar el ancla por el fuerte viento. Si una embarcación de nuestro tamaño se queda quieta en este mar repleto de bloques de hielo gigante se encontraría rodeada de peligros, y la capitana decide que no puede arriesgarse. Así que sin poder bajar a tierra y a ritmo muy lento, avanzamos hacia nuestro destino de mañana, el Antarctic Sound.

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