1. Alvaro Sanz
  2. Antarctica, exploring the South Pole
  3. Hornos Island

Hornos Island, Chile - Polarsteps

Fueron dos barcos holandeses los que en 1615 decidieron no introducirse por el Estrecho de Magallanes y lanzarse a lo desconocido en el sur de la Tierra de Fuego para cruzar del Atlántico al Pacífico. Una de las embarcaciones se perdió por los difíciles vientos, era la Hoorn. La otra prosiguió su camino hacia el sur cruzando por primera vez lo que Francis Drake había citado unas décadas antes, el pasaje que llevaba su nombre. Así es como este último pedazo de tierra antes de la Antártida fue bautizada como Cabo de Hornos, por una mala traducción española de la embarcación holandesa Hoorn. Y hacia allí nos dirigimos, a uno de los lugares más míticos de la historia de la navegación y sin duda uno de los puntos con un clima más complicado. Pero la suerte está de nuestra parte. Para sorpresa de todos, incluida nuestra comandante, el mar está como una balsa y no hace viento, por lo que por primera vez en la historia de nuestra naviera podemos desembarcar. El azar o llámenle como quieran hace que en el momento de nuestra llegada coincidamos con un barco de la armada chilena que trae a la nueva familia que gestionará el Faro del fin del Mundo. Entonces, surge el momento de las preguntas y de las conversaciones con los nuevos húespedes. La historia es apasionante. Una familia gestionará el faro de esta pequeñísima isla en este durísimo lugar del planeta. La nueva familia está compuesta por un matrimonio con tres niños de menos de 10 años. Nos cuentan que han tenido que pasar un durísimo examen de salud así como ser operados de apendicitis para evitar cualquier posible problema médico durante su estancia. No tendrán ninguna embarcación, y la base más cercana está a 5 horas de navegación rápida o 2 horas en helicóptero. Los padres se encargarán de la educación de los chavales y su misión será gestionar el faro que indica el camino de tan difícil paso. Nos parecen emocionantes todas las historias que nos cuentan, pero después de tres horas en la isla debemos marchar. Nos espera la temida confluencia de los dos océanos, el clima cambiante y la sorpresa más absoluta. Serán dos días sin avistar tierra, más de 900km de un azul único. Será sin duda un momento perfecto para revisar el material fotografiado, para escribir, para seguir leyendo y documentándome sobre las hazañas que hubo en estos lugares. La biblioteca del Silver Explorer está repleta de tesoros de la literatura de exploración, y no puedo estar más feliz por ello.

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