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Francy Ruiz
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Sofia
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Arribo a Sofia
Sofia, Bulgaria - Polarsteps
El vuelo era realmente corto pero... Tenía un cambio horario. Y no había entendido el asunto hasta que llegué a Sofía y veía el reloj diferente a mi celular. Pffff.
Llegué a Sofía y después de un desembarque diría que tranquilo porque ya hoy no lo recuerdo de otro modo, salí a migraciones. Y de eso si me acuerdo.
Creo que fue la parada en migraciones más exigente que tuve en años. El señor policía me hizo varias preguntas: hasta cuando me quedaba, razón de la visita, si era por trabajo (yo con la compu del trabajo en la mochila) "nop, por turismo", etc etc. Después de varias preguntas y de mirarme con cara de que no le guste, me aprobó la entrada. Bastante exigente el señor búlgaro. Así fue mi bienvenida.
Primer gran nervio en Bulgaria: que ya nisiquiera es el mismo alfabeto. Es el cirílico, así que ya ni adivinar jaja.
Sin embargo, y como ingeniera, puedo comprobar que cuando los flujos están bien diseñados, nisiquiera necesitas el idioma, se entiende.
Al margen de que si había cosas en ingles en el aeropuerto, me fue facil salir, y no solo eso, encontrar la estación del metro.
Para comprar el ticket 🎟️ del metro se hacía con una máquina que solo admitía monedas, y Bulgaria no era (para octubre) zona euro. Así que me tuve que devolver al aeropuerto, buscar una casa de cambio, y con toda la vergüenza del mundo preguntar si podría cambiar 50 euros (que era lo único que tenía pues en Bulgaria ya me tocaba buscar como sacar plata). Por el contrario me atendió el búlgaro más lindo y amable y cambié mi plata.
Volví, compré mi ticket y me subí al tren. Y comencé a poner 8 ojos por todos lados y junto con el mapa, que línea, las paradas, el comportamiento de la gente, todo todo.
Me bajé en mi estación y adivinen que? Las calles son una pajaaaa para caminar con maleta. Así que le puse onda y empecé a caminar con paciencia.
Mi primera impresión fue extraña. Creo que estaba en el centro, pero me refiero al centro de comercio. Habían ferreterías, tiendas de ropa, supermercados y restaurantes, todo en una misma calle. Todas las tiendas eran como viejas, como si se hubiesen quedado en los '70s pero los productos eran nuevos. Era muy muy raro. También me sentía incomoda pero no porque pareciera peligroso, pero no lo sabía entonces iba precavida. La gente no tenía demasiada expresión en su cara así que así es aún más difícil de entender, de leer entre líneas.
Así que entre tanto y tanto, caminé hacia mi hostel.
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