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Francy Ruiz
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Sofia
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Visita al monasterio de Rila
Rila, Bulgaria - Polarsteps
En la noche anterior, descansando un poco y viendo historias de Instagram, resulta que una de mis compas más queridas de mi trabajo publicaba "estoy en Bulgaria" y yo "khe? Decime que estás en Sofía"
ESTABA EN SOFIAAAAAAA
Así que tres Doritos después, me estaba incluyendo en su plan para el siguiente día ir al monasterio de Rila. Íbamos temprano y todas íbamos a trabajar horario Argentina (ella, su amiga que estaba en Berlín y viajó a Sofía a encontrarse con ella), excepto por la amiga holandesa que hicieron en el mismo hostel donde yo había llegado, pero ellas estuvieron dos días antes (se habían mudado a un Airbnb). O sea todo más casualidad imposible.
Así que avisé en mi trabajo que cambiaba el horario, y al otro día en el medio de una avenida me encontré con mi amiga. Alquilaban un auto para llegar hasta el monasterio y había conductora designada. Que más podría pedir yo. Alquilar autos no es lo mío así que yo solo servi de adorno y solo me subí cuando todo estaba chequeado.
Mi compa ya tenía muchos meses en Europa, y como pudimos, entre conversaciones de diferentes cosas, me fui poniendo a tema de esta parte de su viaje, de su relación con Morita, de su amiga holandesa y de los intereses de cada una. Mientras, yo ví el paisaje, es facil y rápido salir de Sofía pues creo que es una capital más bien chica. Al poco rato ya estábamos en la autopista. En el camino nos tomamos un mate, paramos en un campo que se veía espectacular a tomar fotos y seguimos el viaje.
No es lejos realmente y el mapa nos dió bastante bien el tiempo aproximado. Entre el auto, la salida y el viaje, a mediodía estuvimos allí.
Entramos y desde el principio fue un woooow. Yo tenía una necesidad de primero pasar al templo así que fui directo. Es hermosísimo, es inexplicable para las culturas más occidentales la belleza de la arquitectura y la pintura de la iglesia ortodoxa. Era todo dorado, lleno de dibujos con tantos detalles, que podría haber pasado el día solo mirando el templo. El olor a incienso era espectacular. En la entrada había un puesto que te vendía velas y yo compré una. Y en un lugar había arena, dónde dejabas tu velita. Pedí mis deseos, y haciéndolo escuché a una señora decir que una velita era por los vivos y otra por los muertos: y allí llegó. El recuerdo de mi abuelita. Así que volví, compré otra velita y le dediqué algunas palabras a mi abuela. A quien su recuerdo llegó tan lejos, y que su presencia siempre me acompaña. Hice mi reflexión y sentí allí mi fe.
Siendo un espacio espiritual y tan intenso en ese sentido, creo que todas tuvimos un momento de introspección, así que respetamos nuestros espacios y cuando todas nos sentimos a gusto, nos volvimos a reintegrar. Charlamos de la maravilla del templo y lo contemplamos por fuera. En un momento nos separamos y yo quedé con mi amiga, fuimos hasta el fondo del monasterio, volvimos, y encontramos un lugarcito de recuerditos. Mi amiga siguió el camino y yo me quedé comprando recuerdos para personas muy especiales, y también para mí. Una crucecita que hoy llevo y que me recuerda lo lejos que he llegado: la capacidad que tenemos de hacer algo cuando tenemos un sueño. Llegar a Bulgaria era un sueño, y estar allí era un logro. Recordarlo hoy es el orgullo de mi capacidad de cumplir mis propios sueños.
Encontré el cartel con la explicación del templo y me maravillé. Un monje que vivió 12 años con el cielo como su cobija, una caverna como su casa, y las montañas como su fuente que le provio todo para vivir, fue quien fundo ese templo. Wow.
Después de un buen rato y de recorrer todas por nuestra cuenta el templo, nos reencontramos. Decidimos comenzar a regresar, así que pasamos primero por el baño. Había que pagar con monedas, todas hicimos malabares con lo que teníamos y pasamos. Era la primera vez en la vida que veía los inodoros en el piso así que fue una experiencia nueva para mí. Fuimos al baño y nos dispusimos a volver.
Creo que ninguna se quería ir. Pero debíamos... El deber nos llamaba. Así que emprendimos el camino de regreso. Y nos pasamos un cartel, el desvío a tomar la autopista, lo que nos retrasó un buen rato porque tuvimos que tomar la ruta larga. Pero ya no había que hacer, había que continuar. Dado que dos teníamos reuniones, nos quedamos cerca de un tren para volver al hostel y la conductora fue a devolver el auto. Allí nos despedimos pero con la certeza de encontrarnos luego a cenar y continuar disfrutando de las casualidades de la vida, que te hacen disfrutar momentos únicos del otro lado del charco, con personas únicas.
Creo que a hoy y sin duda, un hito en mi vida el monasterio de Rila.
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